Reinventemos la instrucción financiera

El profesor de la asignatura financiera de turno entra al salón de clases e inmediatamente, empieza a colgar números y ecuaciones sobre el pizarrón. A seguidas, un ambiente de tensión arropa el aula y los pensamientos individuales de cada participante se funden en una especie de mantra colectivo:
“Yo no soy bueno con las matemáticas”
“De dónde salió el 12.5%?
Qué significarán estos estos cálculos?”.
En algún momento, es probable que muchos de nosotros hayamos estado en estos zapatos, experimentando una sensación de gran desconexión con el importante mundo de las matemáticas, y de manera más particular, con su dimensión financiera, que es la que tiene aplicaciones y relevancias más amplias para el mundo de la empresa y los negocios en el que la mayoría de nosotros nos desenvolvemos.
La razón es simple. En la instrucción financiera tradicional, solemos poner más énfasis en conceptualizar sobre las finanzas que en desarrollar las habilidades para causarlas, que al final de cuentas, es lo que importa en la vida empresarial.
Ilustremos con un ejemplo. El Estado de Situación o Balance General.
En una clase de finanzas típica no es inusual navegar a través de la categorización de los activos entre corrientes y fijos o los pasivos de corto y largo plazo y conceptualizar sobre las diferencias entre ellos.
Sin embargo, aunque necesaria, esta teorización resultará insuficiente a la hora de aportar al estudiante capacidades de decisión gerencial que mejoren los resultados operativos de una organización. expresados a través del Estado de Ganancias y Pérdidas, que es donde se reflejan las utilidades que luego afectan la cuenta de capital en el Balance General.
Así, una instrucción financiera efectiva tendría el desafío de explicar los tres estados financieros (incluyendo el de flujo de efectivo) de forma simultánea y conjunta, de forma que el estudiante logre visualizar las interacciones entre ellos de forma simple y comprensible.
Para poder hacerse comprensibles, las finanzas necesitan “cobrar vida” y expresarse a sí mismas de forma sistémica dentro su realidad natural, recreando las operaciones comerciales que realiza una organización, causando resultados financieros que necesiten que interpretarse y luego actuar sobre ellos .
Es en esta expresión dinámica, donde pueden hacerse evidentes las relaciones significativas entre las diferentes cuentas contables, más allá del lenguaje de débitos y créditos que suele invisibilizar muchos de los significados importantes que se derivan de ellos y que son comprensiones imprescindibles para gerentes de áreas no financieras, que interactúan con decisiones gerenciales importantes que pueden gravitar fuertemente sobre los resultados financieros de la organización.
El equipo de ventas de una organización, por ejemplo, responsable de las cobranzas a los clientes, administra una tensión financiera importante, cuando tiene que negociar descuentos de pronto pago que facilitan los cobros a tiempo y promueven la liquidez de la organización, pero repercuten adversamente sobre los precios y los márgenes de los productos, sobre todo en épocas de recesión e inflación.
Todas las áreas de una organización tienen un papel muy importante que jugar en su desempeño financiero. Se requiere que una cultura de sobriedad financiera inunde nuestras organizaciones comerciales e instituciones públicas, orientando y alineando las decisiones gerenciales de todas las áreas hacia un mismo sentido de eficiencia y productividad.
La tecnología educativa viene dando respuestas a estas necesidades a través de una serie de recursos instruccionales innovadores que logran traducir esta mirada hacia las prácticas docentes. Los retos educativos del presente y el futuro invitan a educandos y formadores a abrazar la innovación educativa como único medio de incrementar la efectividad de nuestros procesos instruccionales, no solo los financieros, sino de todos los saberes y a través de todos los niveles educativos.